El alcohol es una droga depresiva que se banaliza entre la sociedad española por la facilidad de su consumo, pero tiene su riesgo.
Todas las fiestas esconden un secreto bien guardado que muy pocos tienen en consideración. Las bebidas alcohólicas se convierten en un agente disuasorio durante las celebraciones que se complementan con las tradiciones de familiares y amigos. Por este motivo, esta droga, cada vez está mejor vista entre la sociedad española al considerarse una sustancia legal en nuestro país.
El problema que radica de su consumo, tiene dos variantes muy peligrosas, los efectos negativos que trae consigo en el organismo y la propia adicción que genera entre las personas que ven como este complemento puede ser un elemento revitalizante en su vida.
Ahora que han terminado las fiestas uno se pregunta si ha consumido sustancias alcohólicas durante las celebraciones navideñas y es difícil no decir que sí, ya fuese con amigos, en familia o en un bar disfrutando del tiempo libre.
Maite Martín, trabajadora social y coordinadora del Grupo de Enfermos Alcohólicos Recuperados Abulenses (GEARA), aseguraba que está peor visto que la gente no beba si está con un grupo de amigos, el que no bebe es un bicho raro. Este factor sociológico arrastra a la población más joven a consumir para no ser mal visto, como es costumbre en las fiestas que se producen, donde decenas de jóvenes trasladan bolsas llenas de contenido alcohólico. De hecho un factor clave para que se produzca esta situación es debido a que hemos llegado a un nivel de permisividad y de normalización de los consumos ya que el que no bebe es el raro.

Fotografía de Isabel García (Diario de Ávila)
Una tendencia que preocupa a GEARA es el aumento progresivo de personas que acuden en busca de ayuda para dejar de beber. Según afirmaba Maite, desde la pandemia, hemos incrementado en torno a un 40% la demanda de ayuda. A día de hoy se mantiene esta alta cifra en la ciudad de Ávila, una situación que expone los efectos secundarios del consumo de una droga que acompaña a los abulenses en su día a día.
Con respecto a las edades de inicio del consumo, se ha producido un cambio significativo en el comienzo de consumo, según los datos obtenidos, la edad de inicio de consumo se encuentra en torno a los 13 años, no sube a los 14.
El dato más significativo se encuentra en la edad media, si antes podíamos hablar de una media en torno a los 50 años, ahora la media se encuentra en torno a los 30 años. La edad de las personas que piden ayuda, se ha reducido de forma exponencial mostrando una dura realidad sobre la falta de control por parte de los jóvenes consumidores que incluyen en sus hábitos esta droga.
GEARA cuenta con un grupo de jóvenes en terapia y consulta por trastorno de consumo que ronda los 22 años, con una dependencia creada. Los modelos van cambiando, pero a peor, porque la edad de inicio ha descendido y eso conlleva que se genere una dependencia a edades más tempranas.
El papel que juega la familia y el entorno en esta situación es clave, ya que según apuntaba Maite, el problema radica en los comportamientos. Lo que uno ha visto en casa, pues lo termina haciendo en su vida y en una familia donde se permite y está muy normalizado el consumo, es más probable que puedan generar consecuencias negativas. En este caso, si los progenitores son dados a consumir de forma común, puede terminar generando una adicción entre los hijos y el posterior consumo, pudiendo desarrollar la enfermedad del alcoholismo.
Riesgos. En palabras de la coordinadora de GEARA, el origen del alcoholismo en personas de una edad temprana se encuentra en la forma de vida, “hemos llegado a un punto en el que todos vivimos un poco al límite”, una vorágine de actividad diaria. En un mundo donde la tecnología impera en el pensamiento crítico de la sociedad, la inmediatez se erige como una dictadura en la cual el público joven no sabe gestionar la frustración y gestionar sus emociones. Ellos tienen que ser más conscientes de que hay veces que las cosas salen bien y otras veces que no salen como esperamos. El consumo de las pantallas evade de la realidad a la gente, que luego no tiene herramientas para conseguir gestionar emociones. Aquí es donde entra el alcohol “cuando alguien no sabe gestionar sus emociones, busca una salida fácil, en una sustancia como puede ser el alcohol”.
Lo que más ha sorprendido a Maite durante estas décadas de trabajo dedicadas en la lucha contra el alcoholismo, es la actitud y respuestas que encuentra por parte del público joven, cuando participamos en formación de institutos, los alumnos te dicen “que yo solo consumo alcohol, no drogas”, la gente cree que porque es una sustancia legal, no es una droga.
Cada persona afronta a lo largo de su vida pequeños baches o fracasos que sirven para evolucionar, pero no todos saben combatir estas situaciones y recurren a este tipo de sustancias. Para ello, Maite recomendaba que cuando sientan que esto se va de su control, es decir, “empiezo a beber alcohol porque necesito una salida, un refugio para ahogar mis penas, mi ansiedad…”. La frase favorita de los alcohólicos según ella es “Si yo controlo”. Pero cuando empieza a trabajar con ellos, se da cuenta de que ese control no existe.
El foco también lo pone en los establecimientos que permiten la entrada a menores con la autorización de los padres, siendo lugares donde se vende alcohol. Es necesario un mayor control en el acceso a los locales de fiesta.
GEARA ofrece una atención integral mediante terapias de grupo y entrevistas individuales, realizadas por un equipo técnico, junto a la coordinación con la atención primaria y equipos de salud mental, para iniciar tratamientos con los pacientes.
Artículo de Alberto Domingo Sáez. (Diario de Ávila)
